¡Hora de irse a dormir!

ESCUELA PARA PADRES “CRECIENDO JUNTOS”

Aunque no hay cosa más tierna que ver a un niño durmiendo, no es extraño que para muchos padres la hora de acostar a sus hijos se convierta en un calvario: [los berrinches] y las rabietas porque no quieren dormir son bastante habituales. 

Los niños son capaces de presentarnos un sinfín de excusas con tal de no meterse en la cama. Aunque se sientan cansados, hayan jugado hasta el agotamiento y sus ojos se cierren sin remedio, ellos quieren más. Su afán es no perderse nada y están convencidos de que al acostarse van a perderse de algo divertido.

El mejor remedio para estos casos es evitar las actividades demasiado movidas a última hora de la tarde. Además, siempre es bueno avisarles con un cierto tiempo de antelación de que tendrán que concluir sus juegos: Media hora por ejemplo suele ser suficiente para que el niño asimile que tiene que dejar de jugar, recoger sus cosas y prepararse para ir a dormir.

Pero puede ocurrir que cuando nuestro hijo nos diga que no tiene sueño, realmente nos esté diciendo la verdad. Debemos recordar, llegados a este punto, que es a estas edades cuando los niños comienzan a reducir su necesidad de sueño. Por este motivo, tal vez sea aconsejable reducir sus descansos vespertinos, para que, a medida que llegue la hora de irse a la cama por la noche, nuestro pequeño sienta un sueño y cansancio real.

En caso de que suprimamos sus siestas, procuremos sustituirlas por actividades tranquilas que le permitan reposar tras la comida.


Levantarse continuamente.

Hay muchos niños cuyo principal problema radica en su afán por levantarse de la cama una y otra vez antes de dormirse. Unas veces porque quieren ir al baño, otras porque tienen hambre o sed. En el caso de los niños con ganas de ir al baño, es importante que le permitamos que se levante aunque sepamos que se trata de una excusa. Sobre todo si no queremos encontrarnos con un escape entre sus sábanas a la mañana siguiente. Eso sí, para evitar este tipo de situaciones, es aconsejable que instemos al pequeño a que haga sus necesidades antes de acostarse y además procuraremos reducir la ingesta de líquidos todo lo que nos sea posible en las horas anteriores a irse a dormir. Por otra parte, cada vez que el niño se levante para ir al servicio, nos aseguraremos de que lo haga de forma directa, nada de pasearse por la casa o irse al cuarto de sus hermanos.

Tiene hambre

El problema del hambre suele estar relacionado con una cena escasa (no se lo comió todo, por ejemplo) o demasiado temprana (lo saludable es cenar pronto). Aunque los niños de estas edades deben aguantar toda la noche sin comer, no dudemos en hacer excepciones en estos casos. No se trata de implantar una nueva ración de comida al ir a la cama, sino ofrecerle cualquier pequeña cosa (un yogur o una galleta) para que les quite la molesta sensación de hambre y puedan dormir.

Miedo a la oscuridad

La soledad, el silencio, la oscuridad… no suelen ser muy amigos del niño. Precisamente por ello son muchos los pequeños que se niegan a acostarse cuando se lo mandan sus padres. Para poder entender la angustia que provoca que provoca en estos niños el paso de la vigilia al sueño solo tenemos que mirarles los ojos y ver su cara de pena. Para ayudarle a evitar que se sienta mal, lo mejor suele ser quedarse a su lado, hablándole y acariciándole, unos 5 o 10 minutos, no más, y siempre procurando no quedarnos en su cuarto hasta el último momento. Es importante que el niño vea como nos marchamos, pues si se despertase a media noche y no nos viese, podría asustarse y coger una rabieta.
Otro truco para que nuestro hijo no se sienta mal consiste en dejar la puerta de su dormitorio entreabierta. El ruido, la luz y nuestros propios pasos, no solo no despertarán a nuestro hijo, sino que le tranquilizarán, si es de los que tienen un poco de miedo.


PARA PENSAR…


  • Si nuestro hijo es poco dormilón, no dudemos en recortar la siesta. De hecho, no es imprescindible que el niño la duerma. Lo importante es que repose después de la comida aunque sea haciendo actividades tranquilas, como colorear.
  • Acostumbremos al niño a cenar pronto. Una cena copiosa y a última hora de la noche suele ser enemiga de un correcto y apacible descanso nocturno. Además, una cena temprana es saludable para su estómago y digestión.
  • Hay niños especialmente aprensivos con la oscuridad. Para evitar estos pequeños miedos, podemos poner una lucecita en el enchufe de su cuarto. Así siempre habrá un punto de referencia al que podrá mirar durante la noche sin tener la sensación de oscuridad absoluta.
  • A todos los niños les cuesta mucho interrumpir sus juegos para irse a la cama. Precisamente por ello, debemos avisarle con antelación suficiente que ha llegado la hora de acostarse. Así podrán terminar con tiempo lo que están haciendo antes de irse a dormir.
  • Si el niño tiene sed por las noches, lo más práctico es dejarle en la mesita al lado de su cama un vaso de plástico especial para niños pequeños: tienen tapa y se bebe a través de una boquilla con pequeños agujeros, de manera que se elimina el riesgo de que el pequeño vuelque el vaso en la oscuridad y se empape.

Y ACTUAR…

Un buen truco para dormir a los más difíciles consiste en ponerles en su cuarto música relajante en un tono muy bajo. Un CD de música clásica con Bach, Vivaldi o Mozart puede ser muy útil para tranquilizar a nuestro pequeño cuando llegue el momento de conciliar el sueño, además de estimular su oído.

Tomado de la revista: Hacer Familia