Aprender idiomas

ESCUELA PARA PADRES “CRECIENDO JUNTOS”

Entre las muchas potencialidades que los niños atesoran, la facilidad para aprender idiomas es sin  duda una de las más lúcidas. Sin realizar aparentemente esfuerzo alguno, son capaces de empezar a chapurrear en dos lenguas antes los asombrados ojos de los adultos. ¿Cómo es posible  que en sólo unos meses puedan aprender lo que nosotros tuvimos que estudiar durante años?  ¿Podemos facilitarles ese aprendizaje? ¿O puede perjudicarles desafiar  a la Torre de Babel?

Son muchos los padres  que se plantean iniciar  a su hijo en un segundo idioma cuanto antes. Sin embargo, aunque las ventajas del bilingüismo son claras, son pocos los casos en los que una familia puede trasmitir  a un niño dos lenguas a la vez.  Esto se debe a que para lograrlo de forma perfecta, sería necesario que alguno de los padres aportara una lengua madre diferente  o vivieran en un país extranjero. Generalmente, no solo hablan ambos el mismo idioma sino que, además, coincide con el del entorno en el que viven. Aun así, está en nuestras manos proporcionar a nuestro hijo diferentes medios para entrenar el oído  y facilitarle  de este modo  el aprendizaje  de una segunda lengua.

Aprendizaje simultaneo 

A partir de los tres años, el niño se encuentra en pleno periodo sensitivo para el aprendizaje de idiomas. Lo ideal, por lo tanto, seria poder ofrecer una educación bilingüe, pero si no reunimos los requisitos expuestos no debemos tampoco tirar la toalla.

Si procurásemos que oiga inglés u otra segunda lengua, le estaríamos acostumbrando a distinguir los sonidos ausentes en el idioma castellano y, por lo tanto, le estaremos ayudando a no hablar con acento en el futuro.

Además, el ejercicio mental que supone comprender y, en su caso, también hablar, dos estructuras gramaticales, y dos vocabularios  diferentes, favorece  la creación  de nuevas  conexiones neuronales. Es decir, es una vía clarísima  de estimulación  temprana.

Pese a sus muchas ventajas, sin embargo, el aprendizaje simultáneo de dos lenguas puede tener algunos inconvenientes.

Uno de ellos puede ser que el niño tarde un poco más en soltarse a hablar. Este retraso, que solo afectará al habla pero no a la comprensión, será  superado pronto, y a los 4 ó 6 años estará al nivel normal.

Hablarle en otra lengua


En algunas familias, a veces uno de los dos padres domina bastante bien un idioma –además de su lengua madre-.   Esto puede provocar la tentación de hablar  a los hijos en ese idioma. Pero lo cierto es que esta práctica no suele resultar muy adecuada.

En primer lugar, porque el niño aprenderá de un adulto que, probablemente, pronunciará con acento. Y, en segundo lugar, porque ésta práctica hará disminuir notablemente la riqueza de la comunicación entre el padre o la madre y el hijo.

Por muy correcto que sea el dominio de esa lengua extrajera, uno de los progenitores se expresara en un lenguaje distinto  de su lengua madre y este resultará, por lo tanto más frío y  pobre. Así, en vez de “esto está riquísimo “dirá, “me gusta mucho” y, aunque parezca algo banal, lo cierto es que irá restante valor a una  faceta muy importante en la educación de los hijos como es la comunicación.
Lo preferible es que esta comunicación se realice siempre en el idioma materno de los padres, aunque esto suponga tener que emplear métodos alternativos para que el niño aprenda una segunda lengua.
Aprender con naturalidad.

Un idioma no se puede separar del modo de hablar  y sentir de la cultura  que lo acompaña.  Si no tenemos en consideración este factor, probablemente nuestro hijo no solo no llegue  a ser bilingüe, sino que su aprendizaje será artificial  y muy poco enriquecedor.

Para lograr esa combinación (transmitir lengua y cultura a un tiempo) es necesario que cada persona hable al niño en su propia lengua madre, y no confundirle mezclando distintos idiomas o introduciendo palabras extranjeras de forma arbitraria cuando hablamos con él.

Estimulación auditiva


Lo más probable es que nos sea complicado que nuestro hijo aprenda una  segunda lengua de forma natural, pero sin embargo, lo que sí está al alcance de muchas familias  es proporcionar al niño estímulos  que le ayuden a irse familiarizando con los sonidos de un determinado idioma. Para ello es imprescindible  que eduquemos su oído, algo que  podemos hacer incluso antes del nacimiento de nuestro hijo.

La música es una buena aliada  a la hora de enseñar a nuestros hijos a  captar diferentes sonidos relacionados con  el lenguaje humano.

Los diferentes tonos que ofrecen  las piezas musicales les ayudarán a captar matices, y esto les será de gran ayuda  a la hora de aprender un idioma. La música clásica es la mejor para empezar en esta tarea, dada la riqueza que encontramos en sus melodías.

Otro método útil es el Tomatis, que ofrece un sistema de estimulación auditiva especialmente diseñado para facilitar la integración de otros idiomas por medio del oído electrónico y cintas especiales del idioma, de manera que educa al oído para percibir correctamente los sonidos de éste, haciéndolos familiares. El programa no elimina la necesidad de estudiar el idioma deseado, pero si permite escucharlo, reproducirlo  e integrarlo  de manera más rápida y natural.

Aunque, en principio, pueda parecernos un empeño estéril, dentro de unos años, cuando el pequeño empiece realmente a estudiar su segunda lengua, podremos felicitarnos   pues le habremos facilitado en gran parte del camino.


La música clásica es un estímulo  auditivo de gran efectividad.


Acostumbrar al niño a escuchar  a compositores como Mozart o Vivaldi  le dará la oportunidad de conocer un gran  espectro de sonidos, algunos de los cuales –por ejemplo, los agudos- son poco frecuente en el idioma español. Repetir con asiduidad este ejercicio  le preparará para captar correctamente los acentos de las diferentes lenguas.

Las canciones en inglés, francés, alemán… serán un instrumento perfecto para acostumbra a nuestro hijo a la pronunciación correcta  de cada lengua. Le animaremos a cantar con el disco, pero sin hacerlo nosotros,  para  no distorsionar esa percepción.

Los juegos y los programas infantiles en el ordenador, especialmente los que son muy interactivos, pueden resultar buenos instrumentos para el aprendizaje de un segundo idioma.

Si tenemos posibilidad, quizá podamos aprovechar las vacaciones para visitar un país extranjero con nuestros hijos. Esto no solo les proporcionara la oportunidad de conocer mejor el idioma, sino también nuevas costumbres  y culturas que  les animarán a aprender.

En algunas zonas especialmente turísticas, o cuando las circunstancias  lo permiten, puede presentarse la oportunidad de relacionarnos con alguna familia extranjera que tenga hijos de la misma edad que los nuestros.

Y actuar…


Los DVDs en  versión original también pueden ser de gran ayuda y estímulo, siempre que no sean muy largos (para que el niño no se canse) y que consten de muchas más imágenes que diálogos. Las canciones, cuando las hay, enriquecen su efecto, pero lo más importante es que el niño  no tenga ocasión de ver  los mismos DVDs  también en castellano. Si lo hace, ya sabrá el significad de lo que escucha y no pondrá interés en aprender.

Artículo de la revista "Hacer Familia" - Madrid España